Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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PRESENTACIÓN

Leed las Sagradas Escrituras (LS) es un libro de catequesis bíblica, fruto de un ciclo de instrucciones que constituyeron el tema de meditación de diez horas de adoración animadas por el P. Alberione en el templo de San Pablo de Alba. La función vespertina de algunas solemnidades, especialmente del primer domingo del mes dedicado a Jesús Maestro, ofrecía la ocasión de celebrar unidos la Eucaristía y el divino Magisterio, con la exposición solemne del santísimo Sacramento y la lectura comentada de la Biblia.1 El contenido de aquellas diez instrucciones fue distribuido después en treinta capítulos y enriquecido con muchos ejemplos y lecturas para que sirviera de meditación cotidiana durante un mes.2

Historia del texto

La publicación impresa de LS se llevó a cabo en Alba, en la nueva tipografía de las Hijas de San Pablo (que ya entonces tenían casa en Roma y Mesina, como aparece en la parte inferior de la portada). La edición no tiene fecha y podría considerarse anónima, pues no figura el nombre del autor ni cuenta con el preceptivo imprimatur episcopal ni con ninguna otra indicación cronológica.
La impresión, en cualquier caso, tuvo lugar en 1933, como acredita una circular enviada por el P. Alberione a las Hijas de San Pablo el 22 de noviembre de 1933: «...Impreso ya el libro de las visitas [horas de adoración predicadas] sobre la lectura de la Biblia». Aquel año se había preparado en ciclostil un texto sobre los libros de la sagrada Escritura que reanudaba las lecciones de catecismo pronunciadas entre 1926 y 1928, incluido posteriormente como apéndice en el volumen Spirituali Esercizi alle Maestre, impreso en octubre de 1936.3
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Una confirmación significativa de estas circunstancias la encontramos en Abundantes Divitiæ del P. Alberione. Escribiendo en 1953 a propósito del Evangelio y de la necesidad de que el libro sagrado entre en todas las familias, que se le rinda el culto debido, que se le predique y especialmente que se le viva, el autor recordaba que ya en sus primeros años de sacerdocio tenía la costumbre de explicar el texto sagrado todos los domingos durante la celebración eucarística, y añadía: «Resultado de esto fueron las treinta adoraciones predicadas y escritas (posteriormente publicadas) sobre la Escritura en general y el Evangelio en particular, hechas mucho más tarde en San Pablo» (AD 140-143).4
A esta primera edición de LS siguió una reimpresión casi inmediata, en la que aparecían corregidas las principales carencias del texto, con imprimatur firmado por el obispo Luigi M. Grassi, fechado el 1-XI-1933, y con la inclusión, al final del libro, de una declaración del revisor interno, M. Robaldo, también con fecha -1° de nov. de 1933- y con nihil obstat de monseñor Chiesa Francesco.
El libro LS aparece, por tanto, a lo largo de un periodo de tiempo en el que se promulgan dos importantes documentos de la Iglesia sobre la lectura de la Biblia: la Providentissimus Deus, de León XIII (1893), de la que hablaremos en seguida, y la Divino afflante Spiritu, de Pío XII (1943), dos encíclicas que contribuyeron decisivamente a la maduración entre los católicos de la ciencia y la espiritualidad de la Biblia, a su valoración ascética y a su utilización pastoral.5

Compilación: autor y estructura

LS
apareció, como hemos dicho, sin autor. Tanto en la portada como en el frontispicio, el nombre del autor se sustituye
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con la sigla G.D.P.H. (Gloria Deo, Pax Hominibus), que suele figurar en las obras escritas en colaboración. El prefacio está firmado por el compilador, M. Ghiglione, ssp.
Que el autor, en cualquier caso, es Santiago Alberione, es indudable, según el sentido explicado por el compilador. En el prefacio original, firmado por M. Ghiglione, ssp., leemos: «Invitado por el amadísimo Primer Maestro [P. Alberione] a tomar apuntes de las horas de adoración durante las que él hablaría sobre la sagrada Escritura, para posteriormente ordenarlos e imprimirlos, acepté muy complacido... Traté de reproducir a la letra, según mis posibilidades, las palabras del Padre, añadiendo sólo en algún caso alguna frase o algún texto de la sagrada Escritura, de los santos Padres, de los escritos del los sumos Pontífices...».
Las reflexiones de las primeras cuatro horas de adoración y de una parte de la quinta, fueron publicadas también en el boletín Unione Cooperatori Apostolato Stampa (1933-1934).6

La estructura de la obra y la división de la materia tienen las características del estilo alberioniano. Fiel a su método, el P. Alberione articulaba su discurso en el esquema del trinomio VERDAD-CAMINO-VIDA. De ahí que los tres puntos de cada instrucción fueran agrupados y distribuidos ordenadamente en las tres partes del libro: I. La Biblia en relación con la fe (Verdad); II. La Biblia en relación con la moral (Camino); III. La Biblia en relación con el culto (Vida).
Del mismo compilador poseemos otro testimonio, más tardío pero más matizado:
«Ariccia, 17.6.1981.
I. Los apuntes que tomé para la impresión de Leed las Sagradas Escrituras los transcribí en papel, no fueron grabados... Recuerdo que rogué al Primer Maestro que no fuera muy rápido en la exposición para permitirme escribir casi todo a lápiz. Yo mismo pasaba después a máquina los manuscritos y se los llevaba al Primer Maestro. Recuerdo que de vez en cuando yo me había servido de puntos suspensivos en lugar de palabras que no había entendido bien; él lo corregía todo.
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II. Las añadiduras hechas por mí fueron los textos bíblicos que el Primer Maestro, de forma aproximada, me aconsejaba incluir; le presentaba cinco o seis y él elegía los más adecuados. También me aconsejaba que le buscara ejemplos de personas que leían la Biblia y lograban con ella frutos de conversión; y también él elegía los más adecuados.
III. Fue también el Primer Maestro quien aconsejó distribuir en tres capítulos los tres puntos de cada hora de adoración (fe, moral, culto; Camino, Verdad y Vida), de modo que el libro tuviera treinta capítulos y fuera apto para un mes de meditaciones sobre la Biblia.
IV. Como he dicho, el Primer Maestro leyó y corrigió la primera redacción mecanografiada y me sugirió -antes de enviar los originales a la imprenta- que se la diera a leer al Siervo de Dios canónigo Chiesa y al P. Robaldo.
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V. Me preguntas cuál es el texto más fiel, si el del libro o el de la revista Unione Cooperatori; creo que el del libro, porque en la revista nos veíamos muchas veces obligados a sintetizar» (
Firmado: don Ghiglione).8
Los ejemplares de que disponemos, de la primera edición y de la reimpresión (noviembre de 1933), tienen algunas variantes que merecen señalarse.
1. En la portada de la primera edición, además del título, la cita evangélica (con referencia equivocada) y la editorial (Pía Sociedad Hijas de San Pablo, Alba-Mesina-Roma), aparece un dibujo en color azul que simboliza la Biblia: un libro abierto rodeado
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de una nube sobre la que sobrevuela una paloma que representa al Espíritu Santo.
- En la reimpresión, el color del dibujo es amarillo, se corrige el error de la cita evangélica, se modifica el orden de las casas (Alba-Roma-Mesina) y en la parte posterior se incluye un anuncio publicitario que invita a comprar la nueva Biblia italiana traducida y comentada por Tintori.
2. En el texto, la reimpresión se enriquece con nuevos elementos:
- el Imprimatur aparece en grafía manuscrita, con la firma Aloysius M. Grassi B.[Barnabita] y fechado Albæ Pompejæ 1-XI-1933-XI [=11° año de la Era fascista];
- una veintena de ilustraciones fuera del texto, con escenas evangélicas y dibujos de hagiógrafos;
- se añade un pliego de dieciséis páginas con los textos litúrgicos de las Misas de los evangelistas;
- el índice del libro (ausente en la primera);
- en la última página, una declaración de G. E. Robaldo, revisor, más el nihil obstat del canónigo F. Chiesa.
En el Archivo Histórico General de la Familia Paulina se conservan otros ejemplares de LS. Éstos tienen algunas diferencias de foliación en relación con la reimpresión de la que hemos hablado y entre sí, lo que induce a pensar que la primera edición de la obra fue reimpresa en tres ocasiones por lo menos. Desgraciadamente no podemos establecer su sucesión porque también a estos dos ejemplares les falta toda referencia cronológica, excepto al Imprimatur y al nihil obstat, comunes a todos.

La segunda edición de LS fue publicada en 1937, también en Alba, dirigida por el P. Fedele Pasquero,9 quien además de incluir una larga introducción con una reseña sumaria de todos los libros de la Biblia, retocó notablemente el texto, eliminando o añadiendo textos y dando a otros una ubicación diferente.

La presente edición, para la colección Opera Omnia, reproduce el texto de 1933.
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Título y fuentes

Encontrar las fuentes de LS, aparte el texto bíblico traducido de la Vulgata, es una empresa difícil. Intentaremos hacerlo en las notas a pie de página en torno a los nombres de los personajes y autores citados. Sólo una vez, en la p. 72, se menciona un libro, sin citar el título ni el autor, de probable reciente publicación (alrededor de 1931-1932), pero de cuyo contexto se colige que se limita a los Hechos de los Apóstoles. Nos parece, en cualquier caso, que el P. Alberione obtuvo información para las presentaciones de cada libro de la Biblia de uno o varios manuales de Introducción general a la sagrada Escritura.

A propósito del título, puede surgir la pregunta de si fue sugerido por el P. Alberione o elegido por el copista, quien solo tenía veinticinco años cuando escribió la introducción y la firmó M. Ghiglione S.S.P., profeso temporal en aquel tiempo.
El título actual, en cualquier caso, está inspirado por unas palabras de Jesús polemizando con los judíos: «Leéis cuidadosamente las Escrituras, pensando encontrar en ellas la vida eterna; ellas testifican de mí» (Jn 5,39).
Esta cita, que nos ofrece ya una clave de lectura de LS, se usa aquí en sentido acomodaticio.10 El P. Alberione no relativiza, sin embargo, la estudiosidad de los judíos, quienes se caracterizaban por la lectura asidua y el análisis del texto sagrado. La intención del autor es hacer hincapié en la importancia de la lectura bíblica. El verbo leéis, usado por Jesús en modo indicativo, se convierte en imperativo, o en invitación: Leed las Escrituras, porque es indispensable hacerlo.11
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Temas fundamentales de la obra

La finalidad inmediata de la predicación alberioniana, y de la consiguiente publicación de la obra escrita, era inculcar algunos principios y actitudes considerados esenciales para el cristiano, y más aún para el religioso llamado al apostolado. Por ejemplo:
a) la urgencia de una lectura espiritual de la Biblia más que un estudio académico;
b) el valor de una lectura hecha en grupo;
c) la necesidad de relacionar la Escritura con la vida comunitaria y apostólica;
d) la oportunidad de leer en esta luz toda la Escritura.
Teniendo esto en cuenta, podemos compendiar la temática central de LS en los siguientes apartados:
1. La Biblia, libro del Espíritu Santo. «La obra del Espíritu Santo en relación con la sagrada Escritura es triple: en primer lugar, movió, iluminó y asistió a los sagrados hagiógrafos para que escribieran sin errores todo aquello y sólo aquello que él quería, libremente, de forma adecuada y sin errores. En segundo lugar, iluminó a la Iglesia fundada por Jesucristo, que en virtud del mismo Espíritu conserva íntegros y auténticos [estos libros], los interpreta infaliblemente y los comunica a sus hijos. Pero eso no es todo; también es necesario que el Espíritu Santo mueva a los hombres a leerlos, incline su corazón a amar el Libro sagrado, abra su mente para entenderlo según las enseñanzas de la fe católica y les conceda la gracia de practicar lo que leen. Invoquemos pues al Espíritu Santo y pidamos comprender. Pidamos también perdón al Maestro divino por haber preferido tantas veces la lectura de los libros humanos a la de la Biblia y la conversación con los hombres a la conversación con Dios» (pp. 9-10).
2. Libro de la humanidad. «La Biblia hace desfilar ante los ojos del lector, como si se tratara de una película, toda la humanidad con sus grandezas y sus defectos, con sus caídas y su ignorancia, para enseñarle el modo de ordenar su vida, vencer sus pasiones y adquirir las virtudes, y así un día ser coronado vencedor en el cielo» (p. 16).
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3. Una carta paterna. «Dios dirige a todos esta carta, y extraviado andaría el corazón de quien, habiendo recibido una carta de su padre lejano, no se apresurara a abrirla y leerla» (pp. 19-20). Por tanto, «debemos leer la Biblia con inmenso afecto y devoción, como un hijo que, lejos de la casa paterna, lee la carta que le envía su padre. La Biblia es, en efecto, una carta del Padre celestial, enviada a sus hijos los hombres. ¡Leámosla! En ella encontraremos el camino del cielo» (pp. 32-33).
4. Biblia y catecismo. «Para que la lectura de la Biblia sea eficaz y útil al alma no se necesitan largas notas críticas e históricas; bastan pocas palabras que sirvan para relacionar el texto sagrado con una determinada verdad de la teología o del catecismo. Pidamos al Señor que suscite personas que hagan comentarios realmente eficaces para las almas» (p. 51).
5. Código pastoral y apostólico. «Sacerdotes y clérigos, abrid este Libro santo; en él encontraréis vuestro código y vuestra norma de vida; en él aprenderéis el modo de salvar a las almas» (p. 73). «El joven que lee la Biblia con esa intención verá que se abren ante él horizontes sin límites» (p. 69). «Todos deben leer la sagrada Escritura, pero el apóstol de la prensa más que nadie, antes que nadie y más constantemente que nadie, para no ser ciego ni guía de ciegos. Quien lee el libro divino adopta el lenguaje divino, habla el lenguaje divino y adquiere la eficacia divina» (p. 100). «El llamado al apostolado de la prensa que no lee y no asimila las verdades de la Biblia, se desvía por propia iniciativa de su vocación. Podrá hacer alguna obra de apostolado, pero no dará vida a las almas. Hará simples exhibiciones, exterioridades y nada más» (p. 317).

Lectores: discípulos de la Palabra

Según el P. Alberione, quien lee la Escritura se transforma en un auténtico discípulo y apóstol como Pablo. En cambio, sin la lectura de la Biblia, le faltaría una genuina identidad religiosa, católica, espiritual, apostólica y universal.
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Cuando predicaba el culto a la Palabra de Dios, el beato Alberione tenía delante las enseñanzas y el ejemplo de Jerónimo,12 un santo para quien el lector de la Biblia es «quien transmite el mensaje de la boca del autor al oído del discípulo» (Ep. 53,2); o sea, ejercita el ministerio del lectorado o de quien enseña, como Jesús Maestro.
Para poder realizar esta tarea necesita ser discípulo «prudente, diligente, interesado, celoso, informado», que son las cinco notas que caracterizan la espiritualidad bíblica de Jerónimo. Al lector de la Biblia le distingue también una disciplina espiritual, una búsqueda concreta que consta de tres verbos: «interrogar, investigar, entender». Esta investigación o pregunta constante a la página escrita -que tanto se parece a la oración del que busca, como fue enseñada por Jesús13- es una aventura de la inteligencia, una santificación de la mente. En este sentido, la tradición de la Iglesia es el humus que permite llegar «a la comprensión de la Escritura conforme al espíritu con que fue escrita», en expresión del concilio Vaticano II (Dei Verbum 12,3).14
Además de a Jerónimo, el P. Alberione tuvo como inspirador al magisterio de la Iglesia de su tiempo. Cita, por ejemplo (p. 17), la encíclica Providentissimus Deus de León XIII.
Publicada en 1893 para «estimular el altísimo estudio de la sagrada Escritura y orientarlo correctamente a las necesidades de los tiempos presentes», la encíclica confirmaba en primer lugar la necesidad de intensificar los estudios bíblicos para poder defender debidamente la Escritura como palabra de Dios inspirada y fuente de salvación para todos. Por eso la Biblia debía estar en el centro de la predicación. Los Padres de la Iglesia daban un ejemplo muy concreto de la alta estima en que tenían a las Escrituras, consideradas «tesoro inagotable de la doctrina celestial, fuente perenne de salvación, campo fértil y huerto ameno donde el rebaño del Señor se recupera y recrea admirablemente».
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Pero las cosas no fueron como la encíclica esperaba.15 Entre los católicos prevaleció la línea apologética más que la profundización del texto bíblico o la búsqueda y la apertura a métodos nuevos y más eficaces de interpretación. En lugar de acoger con el corazón abierto los estudios históricos y el diálogo con los filólogos, los arqueólogos, los críticos de literatura y en general con el mundo de las ciencias humanas, se prefería normalmente utilizar determinados versículos bíblicos para demostrar las tesis dogmáticas de las escuelas de teología inspiradas en la neoescolástica.
Leyendo LS nos damos cuenta de que el P. Alberione, aunque con cierta desconfianza al aparato crítico,16 guió a su Familia prescindiendo de actitudes defensivas y apologéticas, considerando la Biblia un libro del creyente y del apóstol, y no sólo del estudioso. La presente obra enseña a leer y a actualizar el texto de toda la Biblia en casa -y mejor aún en la iglesia- para que se convierta cuanto antes en libro de salvación, o camino, verdad y vida capaz de permitirnos llegar, con todos los medios, a toda la humanidad de hoy.

Nuevas orientaciones

La Pontificia Comisión Bíblica intervendrá en 1993 con el documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia para dar más relieve y explicitar la actualización de los textos, en lo que el P. Alberione insistió siempre: «La interpretación de la Biblia, aunque es un trabajo peculiar de los exégetas, no es monopolio suyo, porque comporta en la Iglesia aspectos que van más allá del análisis científico de los textos. La Iglesia, en efecto, no considera simplemente la Biblia como un conjunto de documentos históricos que conciernen a sus orígenes; la acoge como
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Palabra de Dios dirigida a ella y al mundo entero, en el tiempo presente. Esta actitud de fe tiene como resultado un esfuerzo de actualización y de inculturación del mensaje bíblico, así como la elaboración de modos diversos de uso de los textos inspirados, en la liturgia, en la lectio divina, en el ministerio pastoral y en el movimiento ecuménico» (n. 41).
El P. Alberione promovió una lectura de la Biblia en paralelo o como espejo de los signos de los tiempos, es decir, una hermenéutica del texto sagrado y simultáneamente de la historia cotidiana como aparece en el periódico. Promovió siempre y simultáneamente la ciencia, el progreso técnico y la fe bíblica dentro de la gran tradición de la Iglesia.
No obstante, una actualización bíblica y eclesial de LS es también hoy necesaria, menos quizá en los principios y en las declaraciones expuestos que en las orientaciones y especialmente en las sugerencias prácticas. Ni el mundo, ni la ciencia, ni la Iglesia han permanecido inmóviles desde 1933. Y el P. Alberione no ignoraría hoy los progresos de las ciencias bíblicas y de la teología.
Respetando, pues, sus intenciones carismáticas y teniendo en cuenta la nueva dimensión eclesial,17 consideramos urgente una relectura actualizada de LS que signifique seguir caminando con la Iglesia y con el Papa.
El documento sobre La interpretación de la Biblia en la Iglesia viene en nuestra ayuda y nos ofrece una serie de principios a favor de una correcta «práctica de la actualización»:
a) La actualización es posible porque el texto bíblico, por la plenitud de su significado, tiene valor para todas las épocas y para todas las culturas (cf. Mt 28,19). El mensaje bíblico puede al mismo tiempo relativizar y fecundar los sistemas de valores y las normas de comportamiento de todas las generaciones.
b) La actualización es necesaria porque, aunque su mensaje tiene valor duradero, los textos de la Biblia fueron redactados de acuerdo con las circunstancias y los lenguajes característicos de otras épocas. Para expresar la riqueza que encierran para la gente de hoy es necesario aplicar su mensaje a las circunstancias presentes y expresarlo en un lenguaje apto para los tiempos actuales.
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c) La actualización debe tener en cuenta las relaciones existentes entre Antiguo y Nuevo Testamento, porque el Nuevo se presenta como cumplimiento y superación del Antiguo. La actualización se realiza en conformidad con la unidad dinámica así constituida.
d) La actualización tiene lugar gracias al dinamismo de la tradición viviente de la comunidad de fe. Esta se sitúa explícitamente en la prolongación de las comunidades donde nació, se conservó y se transmitió la Escritura.
e) Actualización no significa pues manipulación de los textos. No se trata de proyectar sobre los escritos bíblicos opiniones o ideologías nuevas, sino de buscar con sinceridad la luz que contienen para el tiempo presente.
Sin embargo, la actualización presupone una correcta exégesis del texto que determine su sentido literal. Si el lector no cuenta personalmente con una formación exegética, tendrá que recurrir a adecuadas guías de lectura. En cualquier caso, la actualización comporta al menos tres etapas:
1. Escuchar la Palabra a partir de la situación presente;
2. Discernir los aspectos de la situación presente que el texto bíblico ilumina o pone en discusión;
3. Extraer de la plenitud de significado del texto bíblico los elementos susceptibles para hacer que la situación presente evolucione de manera fecunda, conforme a la voluntad salvífica de Dios en Cristo.
Esta operación, no obstante, perdería toda su validez si se basara en principios teóricos que no estén de acuerdo con las orientaciones fundamentales de la Biblia, como el racionalismo que rechaza la fe o el materialismo ateo.

Un método actualizado de lectura

Una nota pastoral de la Conferencia Episcopal Italiana, La Biblia en la vida de la Iglesia, publicada en 1995, sugiere «algunas normas para una lectura eclesial y vital de la sagrada Escritura», aunque sin excluir «un sano pluralismo de métodos» (n. 17).
Esas indicaciones prácticas se toman en realidad del Catecismo de la Iglesia Católica y del citado documento de la Pontificia Comisión Bíblica.
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Los obispos ponen también de relieve la exégesis, la cual, como búsqueda del sentido literal u objetivo del texto sagrado, hace que resulte indispensable el uso del método histórico-crítico, aunque haya que completarlo oportunamente con otros métodos. En cambio, debe descartarse la lectura fundamentalista y toda aproximación puramente subjetiva. Además, es necesario conceder la debida atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura, y por tanto al misterio de Cristo y de la Iglesia. En suma, la Escritura debe leerse según la tradición viviente de toda la Iglesia, por lo que es necesario estar atentos a la analogía de la fe, es decir, a la cohesión de las verdades entre sí en la totalidad del proyecto de la Revelación divina.
Los obispos italianos invitan a los lectores a realizar un proceso de inculturación y de actualización del texto sagrado, gracias al cual la Palabra de Dios pueda ser palabra de salvación en la actualidad.
En el n. 18 de dicha Nota se dan algunas «indicaciones concretas para un método de lectura»:
a) Atención al sentido literal. Dado que la Palabra escrita participa en el misterio de la Encarnación, es indispensable buscar primeramente y siempre el sentido literal e histórico, o sea, lo que Dios mismo entendió comunicar a través de los autores bíblicos. Por eso es necesario recurrir a los instrumentos que ayudan a una correcta exégesis y evitan caer en interpretaciones arbitrarias.
b) Confrontar un texto bíblico con otros. La unidad del designio salvífico de Dios, que el Espíritu Santo manifiesta en la Biblia, exige que cada parte sea leída en la totalidad, que un determinado texto sea confrontado con otros, y especialmente que el Antiguo Testamento sea leído a la luz del Nuevo, donde adquiere su sentido pleno, pero también que el Nuevo Testamento sea leído a la luz del Antiguo para descubrir la «pedagogía de Dios», que dirige toda la historia de nuestra salvación.
c) Leer el texto en el contexto eclesial y sacramental. Todo encuentro con la Biblia y su uso, para ser auténticos, exigen que se comparta la fe de la Iglesia. Cuando leemos la Biblia no solamente abrimos un libro; nos encontramos con el Padre, que en Cristo, con la fuerza del Espíritu, nos habla a nosotros, y escuchamos realmente a la Trinidad si fomentamos una actitud de
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comprensión de la Iglesia y de fidelidad a ella, que tiene su origen en el Padre, es cuerpo de Cristo y esposa del Espíritu Santo.
d) Leer el texto movidos por las grandes preguntas de hoy. Siendo Palabra del Dios viviente, la sagrada Escritura es siempre contemporánea y actual a todo lector, a quien ilumina, llama a la conversión y conforta. A través de la lectura del pasado el Espíritu nos ayuda a discernir el sentido que él mismo va dando a los problemas y a los acontecimientos de nuestro tiempo, y nos habilita para leer la Biblia con la vida y la vida con la Biblia.
e) Saber relacionar la Biblia con la vida. Como cualquier otra, también la palabra de Dios entra en nuestros procesos de comunicación, que deben respetar su misterio de trascendencia pero no pueden disminuir la responsabilidad de una pedagogía y una didáctica de la Biblia según las exigencias propias de la literatura y del mensaje bíblico y en correlación con la condición de los destinatarios.

En conclusión

LS
es la obra del P. Alberione que más explícitamente tiende a valorar el ideal de toda su vida y el objetivo central de su carisma apostólico: la Palabra de Dios, haciendo familiar la lectura de la Biblia.
Estimula a actualizarse según el Evangelio, sugiriendo la práctica de aquella lectio divina que ya antiguamente constituía parte esencial de la vida monástica inspirada en el ora et labora. El beato Santiago Alberione estaba convencido también de que sin la piedad, el estudio, el apostolado y la pobreza, el carro de la vida apostólica se para.
Para la Familia Paulina, y no sólo para ella, la lectura de la Biblia debe ser mucho más importante que la lectura del periódico, del telediario o de Internet. La Biblia, repitámoslo una vez más, es la carta que el Padre envía al mundo cada día, justamente para que quien la lea sepa ser hijo de Dios, como Jesucristo.
Y eso es lo que queremos ser en nuestras convicciones y con nuestras acciones.
Roma, 27 de abril de 2003.

ANGELO COLACRAI, SSP


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1 Cf. “La devoción a Jesús Maestro”, “Adoración o visita eucarística” y “Culto del Evangelio”, en Jesús, el Maestro, ayer, hoy y siempre, Excursus histórico-carismático, Sociedad de San Pablo, Roma 1997, pp. 86-101.

2 Sobre el “Mes del Divino Maestro”, cf. Jesús, el Maestro..., cit., pp. 94-98.

3 Estas noticias, al igual que las que siguen, se han tomado de una carta de sor Antonietta Martini HSP (1937-2003) a Angelo Colacrai, fechada el 6 de abril de 1999. El 13 noviembre de 1932, el P. Alberione dictó una plática sobre la sagrada Escritura y la fe, publicada en tres entregas en UCAS 1933 (Unione Cooperatori Apostolato Stampa) de febrero (p. 9), marzo (p. 6) y abril (p. 8). Ésta, como algunas otras sobre la Biblia, fueron publicadas también en ciclostil (cf. MPM/c, Meditazioni del Primo Maestro 1932, Archivo general de las Hijas de San Pablo).

4 Cf. AD 138: «En agosto de 1907 organizó tres jornadas dominicales de la Biblia, explicándola en forma catequística y con aplicaciones catequísticas».

5 Este cambio conseguirá su punto de madurez con una expresión cualificada y normativa en el Concilio Vaticano II, especialmente con la constitución dogmática Dei Verbum (DV), promulgada en 1965, que ha sido a partir de su publicación la magna charta en el uso teológico y pastoral de la Biblia.

6 Cf. A. DAMINO, Bibliografia di Don Giacomo Alberione, Roma 1994, Ediciones del Archivo Histórico General de la Familia Paulina, pp. 36-38.

7 El P. Giovanni Evangelista Robaldo (Gorzegno di Cuneo 1896 - Roma 1977) fue un fiel intérprete de las intenciones del P. Alberione sobre publicaciones bíblicas, especialmente de los Evangelios, acompañados de notas catequísticas. Preparó quince ediciones diversas del Libro sagrado, destinadas a cada edad y categoría de personas, desde los niños hasta las madres de familia, desde los religiosos a las comunidades parroquiales, desde los novios a los militares...

8 El P. Battista Ghiglione (Entracque di Cuneo 1908 - Alba 1992), entró en la Sociedad de San Pablo el 6 de noviembre de 1922 y emitió los primeros votos en 1930, adoptando el nombre religioso de Girolamo. Profeso perpetuo en la Navidad de 1934, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre 1935. Fue vicemaestro de los clérigos, formador, animador de comunidades en varias casas paulinas y responsable de diversas obras. De 1960 a 1962 colaboró como archivero en la Comisión pontificia para la Prensa y el Espectáculo, en preparación del Concilio Vaticano II.

9 Sacerdote paulino (Corneliano d'Alba 1911 - Albano Laziale 2001), licenciado en Sagrada Escritura, participó en numerosas ediciones bíblicas, entre ellas la Nuovissima Versione della Bibbia de los textos originales, San Paolo 1967-1980.

10 «El sentido acomodaticio... es una acepción que nosotros damos a las palabras y frases de la Biblia. Este sentido puede ser más o menos verdadero y más o menos apropiado según la rectitud de intención y el grado de ciencia de quien lo hace» (LS p. 42).

11 Una invitación “paulina” a la lectura se encuentra en Col 4,16: «Cuando vosotros hayáis leído esta carta, procurad que también sea leída en la iglesia de Laodicea, y la de Laodicea leedla también vosotros». Este “leedla” está en griego en subjuntivo aoristo, con valor exhortativo. Con esta forma gramatical, el verbo leer no se encuentra en ningún otro pasaje del Nuevo Testamento.

12 El P. Alberione lo cita muchas veces; cf. especialmente las pp. 213, 245, 247.

13 Mt 7,7-8: «Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra y al que llama se le abre» (cf. Lc 11,9s y Jer 5,1).

14 Cf. Il Grande Libro dei Santi, Dizionario Enciclopedico, San Paolo 1998, II, pp. 947-957.

15 Se necesitará la Divino Afflante Spiritu, de Pío XII (publicada el 30 de septiembre de 1943). Otros documentos oficiales posteriores son, de la PCB (Pontificia Comisión para los Estudios Bíblicos), la Instrucción Sancta mater Ecclesia de 1964, y del Concilio Vaticano II, la Dei Verbum, de 1965; también es de la PCB La interpretación de la Biblia en la Iglesia, de 1993.

16 Recuérdese al respecto que el Modernismo, tan duramente condenado por Pío X, tuvo su origen en un deseo apasionado, incluso exasperado, de la investigación histórico-crítica. A. Loisy, condenado al índice y excomulgado, era un biblista.

17 El P. Alberione fue declarado beato el 27 de abril de 2003.