Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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13. QUIEN GOBIERNA REPRESENTA A DIOS

Roma, 21 de febrero de 1947


Durante la Cuaresma es cosa buena considerar la Pasión bajo el aspecto eucarístico; la Eucaristía como Sacrificio.
La Santa Misa hace presente a Jesús entre nosotros. Sobre nuestros altares tenemos a la misma Víctima, a la misma Hostia, al mismo Sacerdote del Calvario.
Es práctica buena el Via Crucis, pero, sobre todo, os encomiendo que asistáis bien a la Santa Misa, que es la misma Pasión y Muerte de Jesús, renovada, ofrecida, aplicada.
Son buenas todas las devociones, pero la Santa Misa es la devoción reina, el sol de las devociones1. Las otras son devociones en relación con ésta y valen en la medida en que sirven para aplicárnosla.
Toda gracia nos viene del Santo Sacrificio. Por lo tanto: Misas siempre más devotas, jornadas que sean una continua preparación y acción de gracias del más grande acto de piedad.
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La vida de la Pía Discípula, se oriente toda hacia este ideal expresado en el Cantar de los Cantares: Mi amado es mío y yo soy de mi Amado2. Toda la razón de ser de una disposición para vosotras tiene que concluir en esto: ¿Le agrada a Jesús-Hostia? Me agrada también a mí.
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Ahora, tenéis que rezar mucho por la constitución de vuestro Gobierno.
Gobierno quiere decir: representar a Dios, revestirse de su autoridad, ocuparse de la dirección moral de los súbditos; vigilar para que las personas no hallen peligros para su alma y lleguen a salvación y a santificación.
No gobierno político, sino espiritual; no gobierno de tiranía, de astucia, sino de sabiduría y amor.
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El Señor pone en la tierra a quien lo tiene que representar. En la Sagrada Familia quiso que san José representase al Padre celestial, y a san José (Jesús) le obedecía como buen hijo3.
San José y la Virgen tenían una verdadera autoridad sobre Jesús. Cuando lo encontraron en el templo, su Madre le reprochó: Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? He aquí que tu padre y yo te buscábamos4. Jesús corrigió: ¿Y no sabíais que yo tengo que ocuparme de las cosas que se refieren a mi Padre?5.
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La autoridad vale en cuanto representa a Dios. Representan a Dios el Papa, los Obispos, los Sacerdotes, los Superiores de todo Instituto, quien sea puesto como guía de las almas hacia el cielo.
¡Nada más consolador en la tierra que esto: Yo estoy seguro de hacer la voluntad de Dios!
Pero, ¿y quién lo ha dicho? No he tenido ninguna revelación especial, me lo dijo la Madre, ella representa a Dios, y esto me basta.
¡Qué felicidad da esta seguridad!
Vosotras no tenéis la libertad de la elección, pero sí la certeza de estar en la voluntad de Dios. Por consiguiente, el que obedece puede vivir siempre en la alegría y tener una gran confianza.
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El gobierno es oficio de caridad, para el mayor beneficio de todos.
Gobernar quiere decir servir. El Señor da las gracias proporcionadas y correspondientes al oficio que asigna. Él ilumina, ensancha el corazón, suple lo que falta; guía a los Superiores para que conozcan su voluntad; para que la comuniquen rectamente; y para que ayuden en la obra de la salvación. Contar mucho con estas gracias.
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Es deber de los Superiores rezar mucho por los propios súbditos; es deber de los súbditos rezar mucho por los propios Superiores.
El que tiene que estar sometido no es un humillado. Servir a Dios es reinar; servir a Dios no humilla, sino que exalta porque si el que manda representa a Dios, el que obedece se somete a Dios mismo.
Sin embargo, en la elección de los Superiores hay que designar a las personas más estimadas, más idóneas.
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Obedecer con fe y por amor. No porque la persona puesta como responsable nos caiga simpática, agradable: es inteligente, tiene experiencia, etc.
Es naturalmente más fácil obedecer a una que nos trata siempre con dulzura, que nos muestra benevolencia; pero hay más mérito cuando mayor es la fatiga, como cuando se tiene que tratar con una Superiora dura, que difícilmente se muestra satisfecha por nuestra actuación.
El hacer las cosas solamente por Dios nos pone en la realidad, sin ilusiones.
Vendrá la muerte y daremos cuentas. ¡Dichosa la religiosa que ha obedecido siempre, que ha actuado por Dios solo! Será digna de una recompensa grande.
Los mundanos, con la muerte, lo pierden todo; las religiosas buenas, con la muerte, lo ganan todo.
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Entre quien gobierna y quien es gobernado debe crearse una santa amistad, un vínculo espiritual que ayuda a alcanzar el premio eterno.
Al final de todo, corona de todo mando y de toda obediencia realizada por amor de Dios: ¡Paraíso! Tanto para el que manda como para el que obedece, con esta diferencia: que los que obedecen encuentran facilitado el camino de la perfección y la práctica de la virtud.
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1 Palabras de S.FRANCISCO DE SALES (1567-1622), Doctor de la Iglesia.

2 Ct 2, 16.

3 Cf Lc 2, 51.

4 Cf Lc 2, 48.

5 Cf Lc 2, 49.