Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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VII
APOSTOLADO DEL EJEMPLO


«Procuremos cada uno dar satisfacción al
prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo.
Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción»
(Rom 15,2-3).


QUÉ ES

Pío X escribía: «Para restaurar todas las cosas en Cristo mediante el apostolado de la acción es necesaria la gracia divina; el apóstol no la recibe si no está unido a Cristo. Sólo cuando hayamos formado en nosotros a Jesucristo, podremos fácilmente darlo a las familias y a la sociedad. Cuantos participan en el apostolado, han de tener una verdadera piedad».1 Si el espíritu no está regulado por una conducta de veras santa, añade el gran Papa, será bien difícil mover a los otros al bien. Todos los que se consagran al apostolado deben estar libres de mancha, de modo que sean verdaderamente de buen ejemplo.
Santa Teresa había escrito: «Un hombre santo, perfecto, virtuoso, hace mayor bien a las almas que muchos, instruidos y activos, pero de menor espíritu».
María es la apóstol, porque atrae a todos con el perfume de sus virtudes.
Jesús, el Apóstol que manifestó a los hombres al Padre, es Camino y modelo y ley para todo apóstol.
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El santo Evangelio dice de él: «hizo y enseñó».2 Empezó con las obras, luego predicó; antes practicó, después aconsejó.
A los apóstoles les comparó Jesucristo a la sal y a la luz.
El apóstol es sal en cuanto es santo. Si no lo fuera, debería ser tirado y pisado en el camino.
El apóstol piadoso, virtuoso, verdadera sal, preservará de la corrupción a las almas. Su vida, su conducta será como un faro de luz que con su ejemplo iluminará el camino a muchos. Verdadera «luz del mundo»,3 hará resplandecer el ideal de la auténtica felicidad trazada por Jesucristo en las bienaventuranzas.
Lo que lleva a los fieles a una vida de veras cristiana es precisamente la virtud de quien la enseña. Más que las bonitas palabras se necesita la llama del buen ejemplo. «Vean los hombres el bien que hacéis y glorifiquen a vuestro Padre del cielo»,4 dijo el divino Maestro.
San Gregorio afirma que quien predica cosas grandes debe practicar grandes virtudes.
San Pablo a los dos queridos discípulos Tito y Timoteo les encomienda a menudo dar buen ejemplo: «Preséntate en todo como un modelo de buena conducta... Sé tú un modelo para los fieles, en el hablar y en la conducta, en el amor, la fe y la decencia».5 Él mismo invita así a los fieles: «Lo que visteis de mí o en mí, eso llevadlo a la práctica... Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo».6

FRUTOS

En el libro Fabiola,7 del cardenal Wiseman, aparece claro que el cristianismo se dilata más
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por el ejemplo de amor, paciencia y bondad, que no por las discusiones.
El ejemplo ejerce un poder notable en la voluntad: «Las palabras conmueven, los ejemplos arrastran».8 En una parroquia la conducta íntegra de hombres, de profesionales, de empleados honrados, de padres sinceramente cristianos, causa admiración y estima; mientras que el respeto humano, la inmoralidad, la vida desordenada de personas que se dicen religiosas, son motivo de escándalo y deshonor para la Iglesia.
Por eso la admirable vida de María santísima es una predicación que se perpetúa en los siglos.
Los vírgenes fueron conquistados por el perfume de su vida inmaculada. Y estos vírgenes van multiplicándose siempre más: se calcula que sólo las religiosas sean ochocientas mil. María es Regina vírginum.
Los confesores han tomado de María el espíritu de oración, de fe, de caridad. Es Regina confessorum.
los mártires han sido confortados por la visión del Calvario, donde contemplan al Crucificado y a la Dolorosa. Es Regina mártyrum .
Los apóstoles, inspirados por María, encendidos de celo, han recorrido el mundo y hecho resonar doquier el eco de su palabra. Es Regina apostolorum .

MARÍA APÓSTOL CON EL EJEMPLO

En su vida predomina la virtud de la humildad: el episodio de la anunciación lo manifiesta. Luego la virtud de la caridad: el episodio de la visita a santa Isabel lo demuestra. Después el amor a Dios:
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el cántico «Magníficat» es de ello una chispa; y su muerte de amor lo ratifica.
Vida de fe: por eso Isabel la declaró bienaventurada: «Dichosa tú por haber creído».
Vida de obediencia amorosa y total: «Aquí está la sierva del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho».
Vida de trabajo; en la casita de Nazaret fue la mujer fuerte, hacendosa, delicadísima.
Vida de paciencia: siete grandes dolores la pusieron a prueba; el último, en el Calvario, superó toda imaginación.
Es la «santa Virgen de las vírgenes, madre purísima, virgen prudentísima, virgen clemente, virgen rica de fe, modelo de santidad, modelo de la verdadera devoción», porque María es «Reina de todos los santos».9 A todos les precedió en virtud, practicó ella sola todas las virtudes que fueron repartidas entre los santos. Conoció y practicó otras que los santos, incluso los más insignes, no conocieron y no practicaron.
Y además, todo en forma humana, en una paz inalterable, en un espíritu de profunda religiosidad; en una modestia y una amabilidad singular, en el escondimiento y en una humildad constante, silenciosa, gozosa y amorosa. Cabe destacar una singularidad: cierta distinción de trato proveniente sólo de la santidad de los pensamientos, de la solidez de las virtudes, de las altísimas aspiraciones.
El ejemplo es una predicación que ordinariamente se hace sin hacerla. Es una vida. San Francisco de Sales insiste mucho en que cada cual se porte santamente en privado, en su habitación, en la soledad, como si todos estuvieran viéndole. Él lo hacía así. Para espiarle hicieron unos agujeros en la pared
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de su habitación, y se pudo constatar que realmente su comportamiento seguía siendo el mismo que tenía en la iglesia, en conversación o en la mesa con los demás. No basta el acto externo virtuoso para edificar a las personas; es necesario que proceda de la convicción y de amor interior.
Un día, en el Juicio universal, a la gran luz de Dios, todos verán enteramente qué y cómo hemos hecho; se harán patentes cada palabra y acción, así como cada pensamiento y sentimiento del corazón. Por eso san Bernardo decía: Sé tú mismo en todas partes. El hipócrita un día se pondrá en evidencia, será descubierto, pues acabará traicionándose. Pero aunque lograra disimular cómo es de veras, Dios penetra los corazones, todo le es conocido y un día, con inmensa vergüenza, lo sabrán también aquellos de quienes se escondió o trató de engañar.
Se presentará como virtuoso quien lo es en realidad.

APOSTOLADO DE TODOS

San Pablo tiene palabras severas para quien predica y hace lo contrario; para quien condena el mal en los hermanos y hace él mismo lo que critica; con los hipócritas que del prójimo exigen mucho, mientras consigo mismos son muy indulgentes: «Tú, amigo, el que seas, que te eriges en juez, no tienes disculpa; al dar sentencia contra el otro te estás condenando a ti mismo, porque tú, el juez, te portas igual. ¡Sabemos que Dios condena con razón a los que obran de ese modo! Y tú amigo, que juzgas a los que obran así mientras tú haces lo mismo, ¿te figuras que tú sí vas a escaparte de la sentencia de Dios?» (Rom 2,1-3).
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Hay que ser lo que se quiere aparentar. Por eso es absolutamente necesaria la vida interior, que es la actividad para progresar en la fe, en la virtud, en el amor de Dios.
La primera caridad ha de ser para con nosotros mismos. Dios quiere que amemos al prójimo como a nosotros mismos, no más que a nosotros mismos. ¿Qué implica esto? Tener mayor cuidado de nuestra alma que de la ajena. Nuestro celo ha de ser ordenado: «La caridad empieza por uno mismo».10
«Yo amo a Jesucristo, escribe san Alfonso de Ligorio, y por eso ardo en el deseo de darle almas; pero en primer lugar la mía; luego muchísimas otras». Tal es la práctica de cuanto enseña san Bernardo: «No es sensato quien no sabe pertenecerse a sí mismo».
Y lo que san Bernardo decía a los otros, en primer lugar lo practicaba él mismo. Afirma el escritor de su vida, Godofredo, su secretario: «Todo en primer lugar para sí mismo y así todo para todos».11
Escribía después al papa Eugenio III: «No digo que te sustraigas del todo a tus ocupaciones y ministerios, pues son voluntad de Dios. Pero te exhorto a no dejarte absorber por ellos. Si eres el hombre de todo el mundo, sélo aún más de ti mismo. Diversamente ¿qué te valdría ganar a todos los demás, si luego te perdieras a ti mismo? Resérvate el tiempo necesario para ti. Si todos vienen a beber a tu fuente, antes bebe tú mismo. ¿O vas a quedar sólo tú con sed?... Todas tus reflexiones empiecen y concluyan contigo mismo. Sé para ti el primero y el último, recordando que, en el asunto de nuestra salvación, nadie está más cercano que el hijo único de tu madre».
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Todos, pues, los apóstoles generosos, ¡todos!, cuiden primero la meditación propia, luego la predicación o conferencia para los demás. Primero la corrección de la propia conducta, luego la reforma ajena. Primero entrar en íntima comunicación con Dios, después conversar y exhortar a los otros. Primero la vida interior, luego la exterior. Primero el retiro, luego el darse a ver y actuar.
Hay que procurarse primero un reglamento para sí, con las confesiones, los retiros mensuales, los ejercicios espirituales, la santa misa, meditación, comunión, visita al Santísimo, el rosario... Después de podrá dictar reglas al prójimo.
Quien quiere trabajar, antes se nutre. Quien quiere dar, antes adquiere. Quien quiere enseñar, antes aprende.
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1 Encíclica “El firme propósito” de 1905.

2 No el Evangelio sino los Hechos de los Apóstoles tienen esta afirmación, que en la Vulgata sonaba: «Cœpit fácere et docére» (He 1,1) .

3 Mt 5,14.

4 Mt 5,16.

5 Cf Tit 2,7; 1Tim 4,12.

6 Cf Flp 4,9; 1Cor 11,1.

7 Novela histórica escrita en 1854 por Nicholas Patrick Wiseman (1802-1865), arzobispo de Westminster.

8 «Verba movent, exempla trahunt» (Proverbio clásico).

9 Letanías lauretanas.

10 «Prima sibi cáritas» .

11 «Totus primum sibi et sic totum ómnibus» .