Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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15. «Esfuérzate»
(2Tim 2,15)

«Esfuérzate por presentarte ante Dios hombre probado, obrero que no tiene de qué ruborizarse...; evita los profanos y vanos discursos..., evita la enseñanza de esa gente como gangrena» (2Tim 2,15-17).
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a) Esfuérzate52:
1) Por tu dignidad, que exige perfección. Eres templo de Dios; eres ministro de Dios; estás consagrado a Dios; debes aportar santidad a las almas.
2) Por tu posición: «legado divino, apóstol de Dios, mediador de los hombres, maestro de las gentes, predicador del evangelio»53.
3) Por tus cometidos y oficios: dirigir, absolver, realizar siempre obras de culto a Dios.
4) Para preservarse de la tibieza: un sacerdote tibio es un sacerdote sin valor. Preservarse del pecado, en el que cae quien no es delicado y baja la guardia de defensa. Preservarse del sacrilegio, al que llega el sacerdote que peca por lo menos de vez en cuando. Preservarse de la apostasía, de los remordimientos, de la mala muerte, de la condenación: peligros a los que se expone fácilmente el sacerdote que cae en sacrilegio.
5) Esterilidad de ministerio, fachada en vez de realidad, agitaciones internas... son consecuencias de una vida interior abandonada.
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b) Conservar el espíritu de la vocación: desapego del mundo, vivir para Dios, para la Iglesia, para las almas: «Te recuerdo el deber de reavivar el don que Dios te otorgó cuando impuse mis manos sobre ti» (2Tim 1,6).
«Yo, prisionero por amor del Señor, os exhorto a que llevéis una vida en consonancia con el llamamiento que habéis recibido. Sed humildes, amables, comprensivos» (Ef 4,1-2).
Evitemos lo que es peligroso:
- «Purifiquémonos de todo cuanto contamine el cuerpo» (2Cor 7,1)*;
- «... o el espíritu» (Ib.)*.
- «Golpeo mi cuerpo con rigor» (1Cor 9,27)*: ojos, gusto, corazón;
- «... y lo someto a disciplina» (Ib.)*: trabajo positivo sacerdotal.
- Disciplina del alma: pensamientos, humildad, mansedumbre (ver Ef 4,2)*.
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c) Cultivar el espíritu sacerdotal con:
- la vida de oración;
- lectura de la Biblia, de vidas de santos, estudios de temas religiosos;
- verdadera vida interior: vivir «ante Dios, de Dios, por Dios, con Dios».
A los sacerdotes que descuidan la vida interior se aplican las palabras de san Judas: «Son nubes sin agua arrastradas por el viento; árboles en otoño pero sin fruto, definitivamente secos, arrancados de raíz. Son olas de un mar embravecido, que arrojan ia espuma de sus propias desvergüenzas; estrellas fugaces, cuyo eterno destino es la tiniebla sin fondo» (Jds 12-13).
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A Jesús Maestro

Dame, Maestro divino, tu luz para conocerte y para conocerme.
Tu sabiduría es infinita.
Tú me has dado la luz de los ojos.
Tú me has dado la luz de la razón.
Tú me has dado la luz de la fe.
Dame ahora la luz de la gloria para que yo pueda contemplarte eternamente en el cielo.
Por eso te suplico me des la gracia de usar bien los ojos, la razón y el don de la fe.
Ilumíname especialmente en estos puntos:
1) «Vigila con cuidado tu vida y tu enseñanza» (1Tim 4,16): necesidad de cuidarme a mí mismo;
2) mortificarme en todos los sentidos, los internos y los externos;
3) mejorar la oración en calidad y en cantidad;
4) entablar una lucha de exterminio al orgullo, que yo detesto con todas las fuerzas, queriendo sólo, siempre y en todo tu gloria.
Rosario, miserere.
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52 En latín, esta frase sonaba así: «Cuídate a ti mismo». NdT.

53 Todas estas expresiones reflejan una terminología bíblica y eclesial muy al uso en aquel período. Son como citas implícitas, y Alberione las pone en latín. NdT.