Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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10. «Llamados a seguir las huellas de Cristo»
(1Pe 2,21)*

«En el momento ninguna corrección resulta agradable, sino molesta; pero después, a los que se han dejado entrenar por ella, los resarce con el fruto apacible de la honradez» (Heb 12,11)42.
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a) Los dolores del Salvador y las penas del sacerdote fiel se corresponden: unidos en la misión, también lo están en las pruebas y sufrimientos de la misma; para redimir al mundo: «por tu santa cruz y muerte redimiste al mundo»43. Todo sacerdote fiel acompaña a Jesús hasta el Calvario.
Pero son también compañeros en la glorificación: «Si compartís nuestros sufrimientos, habréis de compartir también nuestro consuelo» (2Cor 1,7).
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b) «Sufrió fuera de la puerta» (Heb 13,12)*: en lugar maldito, arrojado fuera, indigno del consorcio civil, arrastrado afuera, aislado.
Recibe las injurias de todos: de los doctos, los poderosos, la clase sacerdotal, el pueblo.
Con toda clase de acusaciones encima, menos de la deshonestidad..
Afligido con toda clase de penas, internas y externas. Hasta el Padre calla.
Acaba en el más ignominioso suplicio: «¡Todo está cumplido!» (Jn 19,30).
Después de haber inventado suplicios sólo para él, como para un delincuente excepcional: las espinas, tres tribunales, reconocido inocente pero condenado, condenado de antemano porque obraba milagros, por envidia con un hondo temor a que resucitara... ¡Es que de hecho se había cargado con los pecados de todos los hombres44, ante el Padre!
Lo mismo acontece con el sacerdote, digno de tal nombre: tiene que ser echado fuera por todos, «sufrió fuera de la puerta» (Heb 13,12)*. Todos contra él; pero sin embargo, tiene la convicción de tener que descontar por sí y por todo el pueblo.
El Crucificado, tan denostado, es nuestro modelo; ser de todos maldecido es el honor del sacerdote santo. Hay que temer los aplausos del mundo: «Felices vosotros cuando os insulten y os persigan y cuando falsamente digan de vosotros toda clase de infamias sólo porque sois mis discípulos» (Mt 5,11)... Jesucristo, colgado allí, fuera de la ciudad, era camino, verdad y vida. ¿Y los que quedaron dentro? Eran la mentira, el vicio, la degeneración. ¿Perseguidos? ¡A menudo es el honor y la divisa del buen sacerdote! «Si el mundo os odia, recordad que primero me odió a mí. Si pertenecierais al mundo, el mundo os amaría como cosa propia; pero no pertenecéis al mundo, pues yo os elegí y os saqué de él. Por eso el mundo os odia» (Jn 15,18-19).
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c) Ser rechazados por el mundo constituye como un escudo, una fuerza, una seguridad. Nos coloca en estado de renuncia, celo, pureza, rectitud, amor de Dios, desapego. Abrazando con gozo la cruz, uno se hace como acorazado contra los enemigos; se mira definitivamente a Dios; se hace uno poderoso en la oración; se vive una alegría que preanuncia el cielo; nace una nueva fuerza en el sacerdote; vuelve a repetirse el «es ahora cuando el jefe de este mundo va a ser juzgado; es ahora cuando el jefe de este mundo va a ser vencido» (Jn 12,31). Se cumple en el sacerdote lo que Pablo escribe de Cristo: «Hombre entre los hombres; se rebajó a sí mismo hasta morir por obediencia, y morir en una cruz. Por eso Dios le exaltó sobre todo lo que existe y le otorgó el más excelso de los nombres, para que todos los seres, en el cielo, en la tierra y en los abismos, caigan de rodillas ante el nombre de Jesús, y todos proclamen que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2,8-11).
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A Jesús Maestro

Medito sobre tres puntos, con vistas a la práctica: «salgamos fuera de las murallas» (Heb 13,13).
a) Es el camino sacerdotal: «Acerquémonos a Dios con un corazón sincero y lleno de fe; acerquémonos con una conciencia limpia de pecado y con el cuerpo bañado en agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos... Y estimulémonos mutuamente en la práctica del amor y de toda clase de obras buenas. ¡Que nadie deje de asistir a las reuniones de su iglesia, como algunos tienen por costumbre! Por el contrario, animaos unos a otros, tanto más cuanto que estáis viendo que se acerca el día del Señor» (Ib 10,22-25).

b) San Pablo45 recuerda los ejemplos de sacerdotes y profetas heroicos: «Por la fe conquistaron reinos, gobernaron con justicia, vieron realizarse las promesas divinas, cerraron bocas de leones... Algunos soportaron ultrajes, latigazos, cadenas y cárceles. Otros fueron apedreados, partidos en dos por la sierra o muertos a filo de espada; o anduvieron errantes de un lado a otro, vestidos con pieles de oveja o de cabra, faltos de todo, perseguidos y maltratados. Hombres demasiado buenos para un mundo como éste, que hubieron de buscar refugio en el desierto, en los montes y en las cuevas y cavernas de la tierra» (Ib 11,33.36-38). La Iglesia resplandeció siempre con semejantes sacerdotes heroicos, y de ellos se gloría como lo hace de las llagas de Cristo.

c) ¡Adelante con confianza! «Estamos, pues, rodeados de una ingente muchedumbre de testigos... Así que participemos resueltamente en la carrera que se nos brinda. Nuestra meta ha de ser Jesús, origen y plenitud de nuestra fe. Jesús que, renunciando a una vida placentera, afrontó sin acobardarse la muerte ignominiosa de la cruz y ahora comparte el poder soberano de Dios. No perdáis, por tanto, de vista a quien tuvo que soportar una oposición tan fuerte de parte de los pecadores para que el desaliento no se apodere de vosotros. Tanto más cuanto que aún no habéis llegado a la sangre en vuestra lucha contra el pecado» (Ib 12,1-4).
Rosario, miserere.
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42 En esta ocasión, por primera vez en sus apuntes, Alberione copia el texto latino y luego lo traduce, anteponiendo como nexo un «ciertamente». NdT.

43 Antífona litúrgica muy usada en las celebraciones de la Cruz. NdT.

44 Alusión a Is 53,4-5 (cuarto cántico del Siervo de Yavé). NdT.

45 Alberione atribuye pacíficamente a san Pablo la Carta a los Hebreos, como era normal en aquel tiempo. NdT.