Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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Prólogo del traductor

Del 26 de abril al 5 de mayo de 1947, el P. Alberione se retiró para un curso de ejercicios, cosa que solía hacer bastante a menudo. Eligió como lugar una casita de la Sociedad de San Pablo abierta pocos años antes en la localidad de Albano Laziale, cerca de Roma. Y centró sus reflexiones y oración alrededor de la persona del apóstol Pablo, cosa que también solía hacer muy a menudo. Para ello siguió la pista trazada y desarrollada en un libro del jesuíta alemán P. Otto Cohausz, titulado originalmente «Paulus» y, luego «La misión sacerdotal en la doctrina de san Pablo», según la traducción italiana hecha por el P. Giuseppe Marzorati, barnabita. El volumen (20x14; 308 páginas) fue publicado por la editorial «Vita e Pensiero», en 1933. Cinco años más tarde se publicó una segunda edición, que fue la usada por el P. Alberione.
Durante esos ejercicios, en el abundante tiempo que dedicó a la reflexión, el P. Alberione fue redactando algunos «apuntes» que resultaron
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ser -muchas veces- una especie de resumen del citado libro-pauta; y otras, una reelaboración más personal de los temas allí propuestos. Se trata siempre de breves «notas», casi como pinceladas rápidas, sin la preocupación de puntear una figura completa y, menos aún, un cuadro armonioso. Con el peculiar estilo suyo, descarnado y enjuto, nunca elegante y muchas veces hasta incorrecto gramaticalmente -con saltos del plano objetivo al subjetivo, o del estilo indirecto al directo, etc.-, el P. Alberione va subrayando algunos de los principales aspectos de la vida y obra de san Pablo que más se prestaban a concretas aplicaciones personales. En el susodicho libro del P. Cohausz encontró ya enunciados los temas y, sobre todo, se encontró con un repertorio completísimo de citas bíblicas al respecto. Eran frases en latín, tomadas todas de la versión Vulgata en uso corriente entonces; las más de ellas entresacadas de las Cartas de san Pablo (o de las a él atribuidas).
Con esos materiales construyó el P. Alberione los presentes capitulitos-resúmenes, a veces brevísimamente comentados y, siempre, completados con fórmulas oracionales -invariablemente dirigidas a Jesús Maestro-: una especie de coloquios o soliloquios, muy originales unos, resonancias del libro-pauta, otros.
Se advierte fácilmente que el P. Alberione seguía el método «camino-verdad-vida», que tanto recomendó a sus religiosos y religiosas. Es decir, reflexionaba sobre algún punto, haciendo lo que pudiera llamarse «consideraciones doctrinales» (aspecto de la
verdad); luego, a la luz
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de las mismas, planteaba el examen de conciencia, cotejando su propia vida con cuanto resultaba de la del «modelo» elegido, Pablo en nuestro caso (aspecto del camino); y finalmente lo caldeaba todo en la oración -las directrices consideradas y los límites hallados-, usando fórmulas oracionales ya hechas o componiendo
otras nuevas (aspecto de la
vida). Así toda la persona quedaba involucrada, con sus facultades -mente, voluntad y corazón - en el proceso de renovación y conversión continua, que era la finalidad de los ejercicios.
Ciertamente, en semejantes coyunturas, el P. Alberione no iba buscando originalidades. Su único fin era el de profundizar el tema que se había propuesto y, sobre todo, asimilar y vivir las enseñanzas que del mismo podían derivarse.

Los «apuntes» de esos ejercicios fueron a parar -tras la muerte del P. Alberione, acaecida el 26 de noviembre de 1971- a uno de los religiosos. El cual, viendo el interés del tema -en efecto, san Pablo no es sólo el protector de los Institutos paulinos, sino «el fundador» de la Familia, según palabras del mismo P. Alberione-, y aprovechando la circunstancia de la reciente desaparición del «autor», los publicó, para uso interno, con el título de «San Pablo apóstol, modelo de vida espiritual». Esto sucedía en 1972.
Casi diez años después, en 1981, agotada aquella edición, el librito pasó a formar parte de la «Opera omnia del P. Alberione», bajo el título
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más resumido de «Pabló Apóstol». Cuidó críticamente esta reedición el paulino P. Di Corrado, logrando un texto muy limpio y depurado. Críticamente, se entiende respecto al manuscrito del P. Alberione y a un ulterior dáctiloescrito, corregido de su puño... Sólo hasta ahí.
Porque casi contemporáneamente a la aparición de esta segunda edición, otro paulino, el P. Da Silva, brasileño, especialista en temas alberonianos y dedicado a rastrear las fuentes del pensamiento y de la espiritualidad del P. Alberione -es decir, a identificar los libros leídos por él, tratando luego de calibrar el influjo que le dejaron-, «descubrió» el citado libro del P. Cohausz, lo sometió a un minucioso cotejo con el manuscrito «alberoniano», y anotó la casi plena coincidencia en la elección y desarrollo de los temas.
Este descubrimiento recorta obviamente la «originalidad» que al librito se le hubiere podido dar. Ya queda dicho que el P. Alberione no la buscaba, y menos en la coyuntura de unos ejercicios espirituales. Es más, cabría añadir que el librito en cuestión -es decir los «apuntes»- en cualquier caso no hubiera tenido en sí gran «originalidad», pues se limita sencillamente a entresacar de las Cartas de san Pablo alguno de los aspectos fundamentales del Apóstol, tratando luego de aplicarlos a la propia vida.

Así las cosas, ¿qué interés puede tener hoy para nosotros este opúsculo «alberoniano», y por qué emprender su traducción al español?

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A parte el conocido adagio «librum ex libris» (un libro se hace de otros libros), que podría valer también para este caso -si no se tratara en buena parte de un verdadero «resumen meditado»... -, hay todavía algunas razones para considerar interesante este opúsculo.

1. Ante todo, principalmente para los paulinos y paulinas, ahí está el
ejemplo de la aplicación del P. Alberione en profundizar y considerar un tema, durante ocho días íntegros, en torno a la figura de san Pablo; usando al efecto lectura, reflexión, escritura de apuntes y, sobre todo, abundante oración; poniendo en alta tensión el voltaje de la propia persona -inteligencia, voluntad, corazón-, según la ya aludida metodología que el propio P. Alberione dedujo de la consideración de Jesús Maestro camino-verdad-vida.

2. Es también de subrayar el
esfuerzo de «selección-concentración» (sobre 300 páginas del original resultan apenas unas 90, y muy espaciadas, en el manuscrito), no en cuanto se trató de hacer una síntesis -eso sería mero ejercicio de habilidad-, sino en lo que tienen de significativo ciertas preferencias o subrayados, que nos descubren, aunque sea muy sutilmente, por dónde iban los «gustos» del P. Alberione. En otras palabras, estos «apuntes», no obstante todo, llevan el marchamo de su «autor».

3. Finalmente, resultan en modo particular
interesantes algunas «oraciones» (especie de soliloquios) compuestas, a veces, sobre ciertos
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textos escriturísticos aportados por el libro-pauta y, otras, con mayor espontaneidad y libertad; pero siempre con un marcado toque personal, vertiendo en ellas gran parte del acervo espiritual que el P. Alberione había ido tejiendo a medida que construía sus varias congregaciones religiosas.
La presente traducción está hecha sobre la edición «crítica» («Paolo Apostólo», EP, Casa Generalizia SSP, Roma 1981) cuidada, como se ha dicho, por el P. Di Corrado; teniendo a la vista fotocopia del libro del P. Cohausz, así como las «tablas de coincidencias» elaboradas por el P. Antonio F. Da Silva; sustituyendo las numerosas frases en latín (al estilo de entonces) por las correspondientes españolas, tomadas de algunas de las más recientes versiones bíblicas, destacándolas del resto del texto con un tipo diverso de letra. Cuando una cita bíblica lleva asterisco (*) es que la referencia ha sido añadida en la traducción para que el lector pueda compulsarla.

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