Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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leer. Muchos no lo hacen: sus ojos reflejan claramente los objetos externos, pero el espíritu no ve.
Observemos y reflexionemos sobre el corazón de la mujer, que se nos abre tan espontáneamente, sobre el efecto de nuestras palabras en su conducta, sobre los resultados de la dirección dada en el confesionario, en las conversaciones privadas, en público.
Observemos y reflexionemos que con las preguntas hechas con discreción y con bondad abriremos el alma de los humildes, leeremos en él los gozos y los sufrimientos, las heridas y las aspiraciones, las necesidades. Observemos y reflexionemos: nos hablarán las obras, las que sean y hasta las que no sean; las que florecen o se marchitan en otros lugares; las que celantes cohermanos instituyen o dirigen.

CAPÍTULO IV
EL CELO Y LA PRUDENCIA

«La prudencia se ha vuelto la excusa ordinaria de los apáticos, mientras que con el celo se intenta justificar a los imprudentes». Así decía uno, y no iba muy errado. He aquí algunas frases de los primeros: «Ya conocemos el mundo; no se logra hacer nada; bah, aquel tipo es un joven, ya se le pasarán los entusiasmos». Observemos en cambio a los segundos entrar en acción sin un previo y maduro examen, sin medir las propias fuerzas, sin conocer el ambiente, sin temer los peligros.
Conviene estudiar, rezar, aconsejarse: esto es prudencia. Conviene al fin resolverse y actuar
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