Beato Santiago Alberione

Opera Omnia

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DÍA IV
LA BIBLIA Y LA TEOLOGÍA DOGMÁTICA

JEREMÍAS

Jeremías, hijo del sacerdote Jelcías, vivió en la segunda mitad del siglo VII1 a. C. Fue llamado al ministerio profético bajo el rey Josías, cuando probablemente aún no tenía treinta años.
Corrían tiempos muy tristes. Manasés, responsable de la idolatría en la que había caído el pueblo, aunque se arrepintió al final de su vida, había dejado el reino a su hijo Amón, bajo cuyo reinado la situación moral y religiosa del pueblo se agravó aún más. Finalmente el rey Josías decidió reformar el culto. Fue entonces cuando Jeremías comenzó su misión de profeta y no dejó de predicar hasta que fue tomada la santa ciudad. No se sabe qué participación tuvo en la reforma de Josías, pero lo cierto es que colaboró en ella.
Posteriormente influyó en la corte bajo los reyes Joacaz y Joaquín, y especialmente durante el reino de Sedecías, que se aconsejaba a menudo con el profeta. Pero el odio de los nobles le llevó a la cárcel.
Tomada Jerusalén por los caldeos, el profeta salió de la cárcel y se retiró a Mispá, acogido por el gobernador Godolías. Fue por poco tiempo, porque, víctima este último de una conjuración, Jeremías tuvo que huir a Egipto, donde siguió profetizando contra los judíos idólatras, los mismos que probablemente le apedrearon por sus continuas reprensiones.
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LOS LIBROS 3 Y 4 DE LOS REYES2

Los libros tercero y cuarto de los Reyes forman también una obra independiente, que empalma con la anterior mediante el relato de la muerte de David. Describe las vicisitudes del reino de Salomón, el cisma, la historia escindida de los reinos de Judá e Israel hasta la destrucción de este último y la historia de Judá hasta el destierro de Babilonia.
El autor nos hace ver que Dios es fiel a su palabra al castigar a Salomón y a los reyes de Judá y de Israel, y que al final cumple sus amenazas con el destierro de todo el pueblo elegido.

REFLEXIÓN IV

La Biblia y la teología dogmática3


«Tu justicia es la justicia definitiva,
y tu ley es la verdad»

(Sal 118/119,142)


Hoy trataremos de ver que la Iglesia saca de la sagrada Escritura las verdades de la teología dogmática y las que figuran en el catecismo bajo el título de «Fe».

* * *

¿Qué es la teología dogmática?
La teología dogmática es la ciencia de los dogmas o verdades que la santa madre Iglesia nos propone
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para que las creamos. Contiene todas las verdades sobre Dios Creador, como principio y fin de todas las cosas. Asimismo, las que se refieren a la segunda persona de la santísima Trinidad: Jesucristo. Se habla de la vida del Redentor, de su muerte y resurrección, de su obra redentora, así como de su cuerpo místico, de la Iglesia, del papado y de su última venida al mundo, es decir, del juicio final.
La teología nos enseña también todas las verdades sobre el Espíritu Santo. Nos explica su obra de santificación y el modo de aplicar a las almas los frutos de la Redención. También nos expone la doctrina sobre los sacramentos, los sacramentales, la liturgia, etc.
Las fuentes donde la Iglesia encuentra estas verdades son la Biblia y la Tradición.
Todos los teólogos, como demostración de sus tesis dogmáticas, ofrecen como prueba principal, después de la doctrina de la Iglesia, los textos de la sagrada Escritura.
Está establecido que en medio del aula donde se reúnen los obispos en un concilio para definir alguna verdad, se exponga en lugar destacado la sagrada Escritura.4* Se quiere así decir que la Biblia es la primera fuente de verdad y la más importante. También nos quiere decir la Iglesia con ese gesto que la verdad definida está contenida en el libro sagrado, por lo que debe inclinarse la cabeza ante él y creer con la mayor firmeza.
¡Qué agradecidos hemos de estar al Señor por no haberse contentado con suscitar hombres como Moisés, David, Isaías, Jeremías, etc., y por enviarnos a su propio Hijo unigénito, para que nos hablaran en su nombre, sino que dispusiera también,
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con amor infinito, que las verdades principales e indispensables para nuestra salvación se escribieran en un libro, la Biblia, que es la fuente principal, la más clara y precisa de la teología dogmática y del catecismo!
En el estudio de la sagrada teología tienen pues un lugar muy destacado5 las pruebas escriturísticas. Las demás pruebas de oportunidad y razón tienen su importancia, pero están en segunda línea.

* * *

De todo esto se derivan tres consecuencias:
1ª En el estudio y explicación de la teología y del catecismo, las primeras pruebas y sus correspondientes ejemplos deben tomarse de la sagrada Escritura.
¡Qué hermosos y eficaces son los de Jesús niño, adolescente y adulto, espejo admirable de todas las virtudes! También los de Abraham, Judit, Rut, Noemí, Tobías, Job, etc. ¡Cuánto edifican y consuelan! Son eficacísimos para ilustrar e inculcar las virtudes teologales, cardinales y morales.
2ª También las máximas6 deben tomarse de la Biblia, porque las palabras de la sagrada Escritura comportan, como sabemos, una virtud especial, una dulce unción que ningún autor puede proporcionar. Y es que sólo ellas salieron de la boca de Dios.
Dice el Apóstol al respecto: «Pues todo lo que ha sido escrito en el pasado, lo fue para nuestra enseñanza, a fin de que por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras tengamos esperanza» (Rom 15,4).
Están muy bien las frases de los santos y de los grandes hombres, evidentemente, pero recordemos siempre que el primer autor es Dios. Un modelo en esto fue el P.
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Segneri,7 de quien se puede decir que en sus sermones y escritos solamente cita la sagrada Escritura.
Véase, por ejemplo, Maná del alma.8
3ª También el maestro de teología o el catequista deben tomar de la Biblia las comparaciones. Si quieren explicar, por ejemplo, cómo se cae en pecado, se presta muy bien el ejemplo de Eva, que no evita la ocasión e imprudentemente se entretiene conversando con la serpiente maldita. En la Biblia encontramos ejemplos adecuados para explicar todas las virtudes, todos ellos de gran eficacia.
¿Qué conclusiones sacar? Las siguientes: es muy laudable la costumbre de quienes en el estudio de la teología y del catecismo anotan al margen máximas, frases escriturísticas, citas de ejemplos que se refieren a la verdad contenida en aquellas páginas. Su estudio y su explicación adquirirán un color especial y serán de eficacia divina, de tal modo que, al final de su estudio, sabrán explicar las principales verdades dogmáticas de este modo tan sencillo: leyendo la Biblia y añadiendo poco más.
Para que la lectura de la Biblia sea eficaz y útil al alma no se necesitan largas notas críticas e históricas; bastan pocas palabras que sirvan para relacionar el texto sagrado con una determinada verdad de la teología o del catecismo.
Pidamos al Señor que suscite pronto personas capaces de hacer un comentario realmente benéfico para las almas.

EJEMPLO. El angélico Tomás de Aquino. Es un faro de primera magnitud en la Iglesia católica,
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uno de sus más grandes doctores. Fue llamado, por su pureza de vida, Doctor Angélico, y Pío XI le proclamó «guía de los estudios y ángel de las escuelas».
Fue educado desde pequeño por los Benedictinos en Monte Cassino, que le formaron en la práctica de las virtudes cristianas y despertaron en él un gran amor a la sagrada Escritura, cuyos textos se convertirían posteriormente para él en objeto de su estudio y de su enseñanza en la célebre Universidad de París.
Enviado a Nápoles para ultimar sus estudios, conoció a los Dominicos y brotó en él el deseo de entrar en su Orden. Superó las muchas dificultades que le puso su familia y poco tiempo después se encontraba en París escuchando las lecciones de san Alberto Magno.
Profesor de teología, atrajo a sus clases multitud de estudiantes con la fama de sus doctas lecciones, con su método y con la claridad de su exposición.
¿Qué era lo más extraordinario en santo Tomás? Leemos en una biografía suya: «Las discusiones constituían solamente una pequeña parte de sus trabajos en este tiempo; era la sagrada Escritura la base de su enseñanza teológica; explicaba alternativamente el Antiguo y el Nuevo Testamento».
Los libros comentados por él en el primer trienio de enseñanza fueron la profecía de Isaías y el Evangelio de san Mateo.
Se cuenta que un día, ante la dificultad de explicar un pasaje de la Biblia, con la mayor confianza y sencillez puso su cabeza junto al sagrario para pedir a Jesús que se lo explicara.
De sus muchas obras, entre las que las dos «Summæ» bastarían para merecerle el título de doctor, tienen un lugar honorífico los trabajos sobre la sagrada Escritura. Además de los libros citados de Isaías y san Mateo, comentó el Cantar de los Cantares, las Lamentaciones de Jeremías, el libro de Job, los Salmos, san Juan y las cartas de san Pablo.
Conocía muy bien el Antiguo y el Nuevo Testamento, hasta el punto de que para cada una de las verdades teológicas que debía probar tenía listo un texto adecuado que sirviera de prueba.
Si el sumo Doctor Angélico alcanzó las más
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altas cimas de la ciencia teológica, se debe en gran parte a su amor y conocimiento profundo de la Biblia.

FLORECILLA. Hoy hablaré con alguien de la belleza de la Biblia y trataré de animarle a leerla.

CÁNTICO DE LOS TRES JÓVENES [#]

Obras todas del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Cielos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Aguas que estáis sobre los cielos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Fuerzas todas del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Sol y luna, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Astros del cielo, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Vientos todos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Fuego y calor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Frío y calor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Heladas y nieves, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Frío y hielo, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Nieves y escarchas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Noches y días, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Rayos y nubes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Que la tierra bendiga al Señor,
que lo alabe y lo ensalce eternamente.
Montes y colinas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
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Todo lo que germina en la tierra, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Fuentes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Mares y ríos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Cetáceos y todo lo que se mueve en las aguas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Aves todas del cielo, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Hombres todos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Israel, bendice al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Sacerdotes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Siervos del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente.
Ananías, Azarías, Misael, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo eternamente,
porque nos ha salvado de la fosa,
nos ha arrancado de la mano de la muerte,
nos ha librado del horno de llama ardiente,
de en medio del fuego nos libró.
Alabad al Señor, porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Fieles del Señor, bendecid al Dios de los dioses,
alabadlo y dadle gracias porque es eterna su misericordia».

(Dan 3,57-90).


LECTURA

Los bienes que procura la sabiduría

Los que guardan santamente las leyes santas serán santificados; y quienes en ellas fueren instruidos encontrarán una defensa. Sed ávidos, pues, de mis palabras; apetecedlas y seréis instruidos.
Radiante e inmarcesible es la sabiduría; se deja ver fácilmente por los que la aman y encontrar por quienes la buscan. Ella misma se adelanta y se da a conocer a quienes la desean. El que madrugue
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para buscarla no se fatigará, pues la encontrará sentada a sus puertas.
Porque pensar en ella es perfecta sabiduría, y el que se desvela por ella presto estará sin congoja. Pues va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella y se les aparece benigna en sus caminos, saliendo al encuentro de todos sus pensamientos.
El principio de la sabiduría es el deseo sincero de ser instruido por ella. Querer instruirse es amarla. Desear ser instruido es amarla; amarla es guardar sus leyes; guardar sus leyes es asegurarse la incorrupción, y la incorrupción nos acerca a Dios. Por tanto, el deseo de la sabiduría nos eleva al reino. Si, pues, os complacéis en los tronos y cetros, reyes de los pueblos, honrad la sabiduría para que reinéis eternamente.
Os anunciaré qué es la sabiduría y cuál es su origen y no os ocultaré sus secretos, sino que desde su primer origen la investigaré, pondré en claro su conocimiento y no dejaré pasar en silencio la verdad. No caminaré jamás con la envidia destructora, porque nada tiene que ver con la sabiduría. La salvación del mundo está en que haya muchos sabios, un rey prudente es el bienestar de su pueblo. Así pues, dejaos instruir por mis palabras, y de ellas sacaréis utilidad.

(Sab 6,10-25).


ORACIÓN DE JEREMÍAS

Tú lo sabes, Señor; acuérdate de mí, cuida de mí, véngame de mis perseguidores; que no muera yo por ser tú con ellos tan paciente, piensa que por tu causa soporto tanto ultraje. Cuando recibía tus palabras yo las devoraba; tus palabras eran mi delicia, la alegría de mi corazón, pues tu nombre se invocaba sobre mí, oh Señor Dios omnipotente. Jamás he ido a divertirme a una reunión de burlones; bajo el peso de tu mano he estado solitario, pues tú me habías llenado de tu ira. ¿Por qué mi dolor no tiene fin? ¿Por qué mi herida es incurable, indócil al remedio? ¿Vas a ser para mí como un arroyo engañador, de aguas caprichosas?

(Jer 15,15-18).


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1 En LS figura “siglo XII”, pero se trata de un error evidente.

2 3 y 4 Reyes: 1 y 2 Reyes.

3 Una actualización de lo que se dice aquí la tenemos en La interpretación de la Biblia en la Iglesia: «La Sagrada Escritura... constituye la base privilegiada de los estudios teológicos. Para interpretar la Escritura con exactitud científica y precisión, los teólogos necesitan el trabajo de los exegetas. A su vez, los exegetas deben orientar sus estudios de tal modo que “el estudio de la Sagrada Escritura” pueda efectivamente ser “el alma de la teología” (DV 24)... Los exegetas pueden ayudar a los teólogos de dogmática a evitar dos extremos: por una parte el dualismo, que separa completamente una verdad doctrinal de su expresión lingüística, a la que se considera sin importancia; por otra, el fundamentalismo que, confundiendo lo humano con lo divino, considera verdad revelada incluso los aspectos contingentes de las expresiones humanas. Para evitar estos dos extremos es necesario distinguir sin separar, y por lo mismo aceptar una tensión constante. Pensamiento y palabras son al mismo tiempo de Dios y del hombre, por lo que todo en la Biblia proviene simultáneamente de Dios y del autor inspirado» (n. 38).

4* «In medio consessus poni solitum erat in sancto throno venerandum Evangelium, in quod omnium vultus conversi erant» (Concilio de Calcedonia).

5 «La interpretación de la Sagrada Escritura tiene una importancia capital para la fe cristiana y para la vida de la Iglesia... El modo de interpretar los textos bíblicos por los hombres y mujeres de hoy tiene consecuencias directas en sus relaciones personales y comunitarias con Dios, y está también estrechamente relacionado con la misión de la Iglesia» (Juan Pablo II en la presentación del documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1993).

6 En LS se recuerdan las “máximas” de los Proverbios (p. 105) y en general las “santas máximas” que inflaman al lector de la Biblia (p. 107), y especialmente las expresiones bíblicas impresas y expuestas en todas partes en la Piccola Casa de Turín por deseo de san Benito Cottolengo (p. 204). Forma parte de nuestro trabajo espiritual evitar las máximas peligrosas del mundo, sustituyéndolas por las del Evangelio (p. 237). También los estudios tienen ese fin: «Este debe ser el ejercicio de la vida: eliminar una tras otra las máximas mundanas, e introducir, escribir y esculpir versículo a versículo la Sagrada Escritura... Intentemos en cada visita [eucarística] alejar de nuestra mente una máxima moderna y poner la máxima contraria, el versículo contrario del Evangelio... Factus est Deus homo ut homo fieret Deus; seamos así dioses de nuestra mente» (RM 1934, 71-72). «Las máximas de las “bienaventuranzas” sólo ocupan media página del Evangelio de san Mateo, pero puede decirse que toda la Biblia es un comentario, una recomendación continua de las bienaventuranzas» (UCAS 1933, SPa 1962, p. 281). «San Pablo se convirtió en su mente: cambió completamente sus ideas. También nosotros debemos cambiar las ideas para convertirnos mentalmente. Es necesario adoptar las máximas del Evangelio de hoy» (La conversione di San Paolo, a las Hijas de San Pablo en USA, enero 1946: EMC 1952, p. 75).

7 Paolo Segneri, jesuita (Nettuno 1624 - Roma 1694) debe su fama al Quaresimale, Florencia 1679. Por esta obra Segneri fue comparado con san Bernardino de Siena, conocido misionero popular.

8 Célebre colección de oraciones y reflexiones sacadas de la vida de los santos para cada día del año. La obra fue publicada por vez primera en Milán en 1683. El título completo era La manna dell'anima, ovvero esercizio facile e fruttuoso per chi desidera di attendere all'orazione. En la edición de Todero (Venecia 1766-1768) sigue Il Divoto di Maria Vergine, del mismo autor.